Cada tres meses debo ir al Banco Nación a presentar el certificado de supervivencia de mi madre, para que pueda cobrar su jubilación nacional, la mínima que le dicen. Ese día, me preparo con una cuota extra de paciencia, pues el trámite requiere de mucha de ella, creo que de un exceso de ella. Desde ir a la policía, esperar media hora que encuentren el papelito de cinco renglones, el cual un agente de pésimo humor debe completar, hasta esperar en esa cola interminable que otro señor, también de mal humor, dictamine que podemos entrar, previo concedernos la gracia de un número, el cual recibimos como si fuese el tesoro más preciado y por todos los medios, en caso de caerse, tratamos de recuperar, hasta llegar a la ridiculez de tirarnos de panza al piso, buscándolo. En esta espera, suceden muchas cosas, se entablan conversaciones de lo más extrañas pero se escuchan otras peores aún. Hoy, una mujer de unos treinta y pico estaba con su hija de unos trece años, justo delante mío. No es ...