Mundo sin rasgos

Salió tan rápido que no se percató que le ardían los ojos, creyó que era el humo de la fogata anterior. A los seis años escuchó por primera vez la palabra "miopía", desde ese instante aprendió que la realidad puede ser vista de muchas maneras. Cuando cambió sus "culos de botellas" por lentes de contacto, sus compañeros dejaron de llamarla “Casimira”, transformando la burla dura en admiración sincera. La mirada de ella los dejaba sin habla, desabasteciéndolos de todo intento de olvido. En realidad, no era la mirada sola, sino el juego de ésta con su sonrisa, la ronda de luceros que acompañaban el sensual dibujo de sus labios. La irritación persiste y decide quitárselas. No es una decisión cualquiera porque está lejos de su casa, perderse es la posibilidad más cercana, ella no puede leer el nombre de las calles, ni las discrepancias entre las mismas y las veredas. La certeza deja paso a los manotazos intentando hurgar el aire que indica la distancia entre ella y los d...