Me puse el mejor traje de otoño, lluvia y ocre vida.
Entre mis brazos, llevaba sueños que temían al invierno.
Y así, vi, vimos, amé,
nos amamos y nos dejamos nacer en besos.
Un mundo de encuentros
acalló al miedo.
La calle se despejó de
culpas y dejó que la cubran las hojas del
nosotros.
No quise mirar más
allá, acepté su promesa de futuro compartido.
De cielo claro, estrellado
de milagros y suspiros que se convierten en versos.
Temí acostumbrarme al
vacío y a la sed de otra piel.



















