Viene desolado, él que era el sol. Pero no puedo decirle que se aleje de ella, debe vivir su propio incendio, tormenta o rayo. Me gustaría adelantarme a su dolor, ese tan conocido por mí, hacer una barrera entre ese dolor y él, pero es imposible. Puedo prevenirlo mil veces lo que ocurrirá, pero será en vano. Su decisión es inapelable. Y elegirá morir entre sus brazos, aunque después su maltrato verbal lo deje sangrando. Un segundo con ella es la vida que luego llevará a cuestas. Primer amor imposible de frenar. Es mejor dejarlo que siga su rumbo a intentar pararlo, no habrá victorias. Sólo el haberlo vivido, al menos una vez. No hay manera que sea cauto, cuando aprendió a volar entre sus brazos, y nada ni nadie hará que cambie de opinión. La mejor rosa no es la que tiene menos espinas, ya lo sabemos. Y no me gusta verme tan escéptica, ese sentir que tarde o temprano regresará quejándose de su desamor. "Aprendió", me diré. No sé bien qué aprendió, pero imagino será un pr...