Martillé el silencio, oculté los versos, cerré las ventanas… Me olvidé del tiempo, colgué mis lágrimas… Pero jamás te olvidé, ni aún queriendo. Recorrí las sombras, trepé el insomnio, dormí el reclamo… Desperté soñando, susurré otros nombres… Pero jamás te olvidé, ni aún queriendo. Guarnecí al deseo, Mitigué mi ira, desterré la risa… Cegué al milagro, crucé relámpagos… Pero jamás te olvidé, ni aún queriendo. Hasta que un día , una voz, un camino, un cielo, un destello, una brisa, un vuelo, todo junto, me trajo el olvido, y, con él, orfandad y espanto.